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Ramón Pérez: “La operación me cambió la vida completamente”

Después de pasar 12 años con un dolor insoportable en la cara que le impedía hacer sus actividades cotidianas, Ramón llegó a Clínica Biobío buscando una solución. Después de estudiar su caso, fue sometido a una cirugía que le permitió retomar la rutina sin molestias.

Ramón tiene 72 años de edad, vive en Lebu y dedica su tiempo a trabajar en servicios forestales, cuidar la huerta que tiene en su casa, participar en la iglesia evangélica de su comunidad y disfrutar junto a su familia. Cosas que antes de la intervención podía hacer, pero con dificultad.

Cuando cumplió los 60, empezó a sentir los primeros síntomas de la neuralgia del trigémino que lo afectó por más de una década y que durante los últimos 5 años describe como un calvario. “Al principio sentía como un hormigueo en el rostro, desde el molar hasta el ojo, y una especie de clavadas que me dejaban paralizado. Con el tiempo fue empeorando hasta hacerme llorar del dolor”, recuerda Ramón.

La neuralgia del trigémino es un trastorno de dolor crónico que afecta al nervio que transmite las sensaciones del rostro al cerebro, donde cualquier estimulación en la cara, aunque sea muy leve, puede provocar un dolor repentino insoportable para las personas.

“No podía conversar, en la iglesia no podía orar, mis nietos no me podían dar un beso porque no aguantaba el dolor que esos movimientos me causaban. Hay momentos en que el dolor es tan fuerte que no dan ganas de seguir viviendo”, cuenta el paciente.

Pasó por varios tratamientos médicos sin resultados e intentó de todo para solucionar su problema: medicamentos, morfina, acupuntura, inyecciones, incluso se sacó 4 muelas pensando que así terminaría su dolor. Pero no lo consiguió hasta que llegó a Clínica Biobío donde la indicación médica fue la cirugía.

Según la edad del paciente y si tiene o no comorbilidades, se realizan diferentes tipos de intervención. En el caso de Ramón, se optó por una cirugía mínimamente invasiva. “Le hicimos una gangliolisis percutánea del trigémino que consiste en la microcompresión del ganglio trigémino, introduciendo un catéter que impide que las fibras nerviosas transmitan el dolor. Eso permite que el paciente despierte sin mayores molestias”, explica el Dr. Jaime Pinto, Director Médico de Clínica Biobío y neurocirujano a cargo del procedimiento.

Y así fue. Al día siguiente, Ramón ya no sentía el dolor que le impidió hacer su vida normal por tanto tiempo. “La operación me cambió la vida completamente. Ahora me puedo mover sin problemas, hacer ejercicios, abrazar a mis nietos y si pegan su carita a la mía lo puedo sentir sin que me duela. Recuperé el entusiasmo que tenía antes de que colapsara y también la confianza”, afirma.

Las ventajas del tipo de cirugía que se le practicó es que se realiza de manera percutánea, es decir, a través de la piel sin necesidad de abrir el cráneo; es ambulatoria, termina con el dolor y permite al paciente dejar los medicamentos que tienen efectos colaterales.

Si bien la cirugía es ambulatoria, como Ramón es de Lebu prefirió quedarse una noche en la clínica, donde dice que tuvo una buena experiencia y se sintió bien atendido. “Durante la noche que estuve hospitalizado, escribí un poema que después leí en la iglesia, en él contaba mi testimonio y le daba las gracias a Dios, a todo el cuerpo médico y a las personas que me cuidaron”, concluye Ramón.



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