Abríguese. Puede sonar más que obvio pero ante el frío no hay mejor solución que abrigarse. De este modo evitarás que algunas partes más vulnerables del cuerpo se enfríen, el enfriamiento baja las defensas. Importante es cubrir la boca y nariz. Así mismo, cuídese de los cambios de temperaturas.
consuma frutas y verduras. La vitamina A y C presente en vegetales y frutas como zanahorias, verduras de hojas verdes oscuras, brócoli, papaya, mandarina, naranja, piña y limón, si bien no ayudan a evitar la gripe, sí contribuyen al fortalecimiento de las defensas. El ajo y la cebolla también poseen propiedades inmunoestimulantes y antivirales.
Lávese las manos. El aseo frecuente de las manos, sobre todo si estuvo en contacto con alguien enfermo, es importante para evitar contagios.
No se automedique. El uso excesivo de antibióticos provoca resistencia en los microorganismos y mayor dificultad para eliminarlos.
Evite aglomeraciones. Trate de no acudir a lugares de gran afluencia de público, menos aun con niños o si tienen síntomas de alguna complicación respiratoria. Los espacios cerrados aumentan las posibilidades de contagio pues el aire que respiramos está más cargado de microorganismos.
Mucha agua. Si está enfermo tome abundante líquido durante el día. Lo mismo si está completamente sano, el consumo abundante de líquidos es una buena manera de mantener al humedad necesaria del cuerpo.
No fume. El cigarrillo es el peor aliado de un cuadro respiratorio. Entre otros, el humo del tabaco reseca los pulmones facilitando el contagio de enfermedades respiratorias.
Ventile su espacio. Aunque habitemos espacios calefaccionados es necesario ventilarlos a diario para renovar el aire.
Relájese. No se sobre exija ni se estrese. La tensión y el stress contribuyen a bajar las defensas, en el caso de los enfermos, retardan la recuperación.