El cáncer de tiroides es poco usual, representa el 1% del total de los cánceres y es el más frecuente dentro de la patología endocrina. Por razones que se desconocen, pero que se asocian a las hormonas, es más habitual en las mujeres situándose como el punto con más alto riesgo, entre los 45 y 49 años de edad.

La aparición del cáncer tiroideo está asociada tanto a razones hereditarias como a factores como una dieta baja en yodo o la exposición a radiación.

Generalmente se caracteriza por la presencia de una masa muy pequeña en el cuello, siendo en la mayoría de los casos difícil de ver y palpar.

 
 

El cáncer tiroideo se puede clasificar en anaplásico, que es la forma menos común pero la más peligrosa; papilar, es el más frecuente, afecta a las mujeres en edad reproductiva y se disemina lentamente; folicular, que se caracteriza por diseminarse hacia los ganglios linfáticos del cuello; y finalmente, medular, que se presenta en raras ocasiones y tiende a ser hereditario.

La prevención, como siempre, está asociada a llevar una buena alimentación y una vida sana. Evitar la ingesta de alcohol, tener un peso normal a través de una dieta baja en grasas y realizar ejercicio regularmente.

Se recomienda que tanto las mujeres jóvenes como las de más de 40 años se evalúen por lo menos cada cinco años. Además, si existen antecedentes de cáncer en su familia debe ser cada dos años. Un diágnostico prematuro es siempre la mejor solución.

   
Revista médica de Chile versión impresa ISSN 0034-9887
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